Rutas de senderismo en Cantabria: El Nansa, a paso largo

Publicado en 01. ene, 1970 por en General

En la frontera entre Cantabria y Asturias existe un lugar que se ha salvado de la burbuja inmobiliaria. Es el Valle del Nansa, un paraíso natural cuyas tierras fértiles le deben todo al río salmonero que les da nombre. ¿Qué no habrán visto esas aguas en su caracoleo? Desde los pliegues de los macizos de Peña Labra y Peña Sagra, a 1.800 metros de altitud, hasta su rendición en la ría Tina Menor, el Nansa hace un viaje corto, de 46 kilómetros, pero lleno de belleza. Turberas, brezales, bosques de abedules, hayedos y acebedas acompañan a la torrentera mientras se abre paso por las gargantas calizas. Nada más tentador que seguir el consejo de Bruce Lee -’Be water, my friend‘ – y colarnos en esta estampa costumbrista que resiste el paso del tiempo.

Desde septiembre de 2010 se pueden recorrer 14 kilómetros del margen derecho del río. Este tramo, que discurre entre las localidades de Muñorrodero y Cades, está declarado como Lugar de Importancia Comunitaria y forma parte del conjunto de espacios protegidos de Cantabria. “Ha sido un éxito. Fue una inversión de la Confederación Hidrográfica y Plan Estatal de Dinamización de Medio Ambiente. Y tuvo beneficios importantes. Por ejemplo, con los arreglos que se hicieron del río se puede ahora estar más tranquilo con las inundaciones de Muñorrodero” explica Miguel Ángel González, el alcalde de Val de San Vicente que inauguró la Senda. Costó más de un millón de euros. “Eso sin contar el nuevo tramo que va desde Camijanes hasta Cades, entre Val de San Vicente y Herrerías” apunta Roberto Escobedo, el alcalde actual del Val. Se estrenaron en mayo de 2013 para incorporar el trayecto entre la central de Trascudia y el puente de Camijanes.





© Proporcionado por Guía Repsol
Mirador del poeta


Un alto en el camino para llenar los pulmones de oxígeno en el Mirador del Poeta.

Lo primero para disfrutar de estas cuatro horas de aventura es calzarse un par de zapatos cómodos. No hace falta que sean unas botas de montaña, el trayecto es sencillo y puede realizarse fácilmente con niños. Si el trago se hace largo siempre se puede partir en el recorrido por la mitad, aproximadamente. El primer tramo comenzaría en Muñorrodero, hasta la central hidroeléctrica de Trascudia, donde se encuentra una hermosa cascada que, a buen seguro, les renovará las ganas de echar a andar. A partir de ahí, mantendrán los ojos pegados al río, en el que podrán descubrir magníficos ejemplares de trucha común y de salmón atlántico, e incluso, con suerte, alguna nutria puede asomar la nariz. 





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Salto de agua jusnto a la estación electrica de Trascudia


La antigua central eléctrica de Trascudia recibe a los caminantes con dos hermosos saltos de agua.

Algunos tramos permiten elegir entre tomar la “senda principal” y una “variante aguas bajas”, de forma que sigue siendo practicable cuando se producen crecidas. En ambos casos, se cuenta con señalización de sendero local -barras blanca y verde- a lo largo de la ruta, que aprovecha antiguas sendas de cazadores y pescadores. Por eso es habitual encontrar por el camino pequeños refugios para el mal tiempo o carretillas metálicas que permitirían el cambio de orilla. 





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Un peregrino sigue las indicaciones de la senda fluvial para completar una etapa del Camino Lebaniego


Un peregrino sigue las indicaciones de la senda fluvial para completar una etapa del Camino Lebaniego.

En el kilómetro 6 de la carretera autonómica CA-181 encontramos un área de descanso para hacer un receso, aunque también puede servir de punto de acceso para los que escojan la versión abreviada de esta caminata. Este pequeño ramal permite visitar el mirador del Poeta o mirador El Collado, orientado al Sur y elevado unas decenas de metros sobre las aguas mansas del embalse de Palombera. Esta presa, que fue construida en 1953 para aprovechar el salto más bajo del Nansa en la confluencia de este río y el Lamasón, se ha convertido en caladero de las tablas de paddle surf (SUP) hasta que el verano lo permite. Los amantes de este deporte han encontrado aquí un marco inigualable para hacer travesías con una visión de conjunto del tramo del valle que comprende la angostura de la sierra de la Collada y el siguiente desfiladero entre los Picos de Ozalba y la sierra del Escudo. No hay una excusa mejor para hacer parada y dar un descanso a los pies. Desde estos ‘tatamis’ flotantes se alcanzan lugares recónditos como las famosas cuevas del Soplao y Chufín a través de unas pozas de aguas cristalinas que invitan al chapuzón.





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Las pasarelas de madera permiten salvar taludes y cruzar el río de lado a lado


Las pasarelas de madera permiten salvar taludes y cruzar el río de lado a lado.

Más adelante, a unos dos kilómetros del final del trayecto, el río se encajona al pie del cauce. Allí encontraremos más pasarelas de madera que salvarán el tramo más rocoso y desde las que podremos contemplar una pequeña gruta, que es conocida por los lugareños como la Cueva de los Murciélagos. No hay más que internarse un poco con una linterna para averiguar la razon. Al término de este itinerario, merece la pena visitar la ferrería de Cades, uno de los elementos patrimoniales ligados al medio fluvial mejor conservados de Cantabria. Así, además de hacer un viaje en el espacio, terminaremos la experiencia con otro a lo largo de los siglos.

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