Escapada de fin de semana en Andorra
Publicado en 01. ene, 1970 por Sebastián Álvaro en General
La escapada fronteriza que necesitamos
VIERNES
© Proporcionado por Traveler
16.00h. Deja las maletas en Cal Cisco de Sans
Es uno de los primeros hoteles que hubo en el país. Empezó a funcionar en 1866, pero la casa en sí es una borda del siglo XVI, situada en el casco antiguo de Andorra la Vella (un barrio mucho más bonito y auténtico que “la calle de las tiendas”). Es un hostal familiar, con seis habitaciones nada más, que ya destacaba por su hospitalidad a principios del pasado siglo.
Entonces llevaba el negocio el Cisco de Sans, un trajinero especializado en el transporte de viajeros. Con el mulo Xato hacía de taxista a los extranjeros: por diez pesetas les llevaba donde quisieran. Todos los turistas recomendaban sus servicios de guía. Además, calificaban de abundante y buena la comida de la fonda. No necesitaban más de tres pesetas para levantarse de la mesa con la tripa más que llena. Ahora es otra la propuesta: platos de la cocina tradicional andorrana pero en formato tapa.
Desde detrás de la barra, Alain nos aconseja el mini hot dog de butifarra. No menos atractiva es su carta de cócteles inéditos: el Montmalús lo preparan con té blanco, limón, canela y un ingrediente oriundo de estas tierras, la Ratassia de la Carmeta, un licor del Pirineo a base de nueces y hierbas. Las plantas tienen que macerar en alcohol durante cuarenta días al sol. Una receta que ha pasado de abuelas a nietas, con unos 27º de graduación.
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Si nos gusta, podemos comprar un frasco allí al lado, en La Puça. Una librería/bar-restaurante donde (aparte de libros) venden productos típicos del país, desde cosmética natural a mermeladas de Sispony, confituras de Aubinyà y una delicatesen lugareña: el sirope de piña de abeto. “Se obtiene de las piñas de abeto macho adulto”, cuenta Pep Escolà desde el obrador de El Rebost del Padrí. “Se sabe que el abeto es macho porque las piñas apuntan hacia el cielo y están arriba del todo del árbol, y que es adulto porque mide 20-25 metros”. Escalan hasta lo alto de las copas para recolectarlas. “Subimos con un arnés y con guantes, porque están muy pringosas, y se recogen entre agosto y septiembre, antes de que hiele”. Pero las piñas son como las setas: este año, con la sequía, la cosecha no ha sido muy buena. “Después las maceramos con azúcar durante siete-ocho meses, hasta marzo-abril, y se forma como una miel, muy rica“. Todo el sabor de la montaña en la boca. “Antiguamente se utilizaba para los constipados; no es que los curara, pero aliviaba la garganta”. Hoy en día, el jarabe ha encontrado un nuevo uso en la cocina. “En vinagretas, con mató, con un helado de vainilla o con la carne al horno está delicioso”.
Quizá aún no tengamos hambre, pero probar una de las más de mil cervezas que tienen en La Birrería puede que nos apetezca. “Es el tercer local con más cervezas de Europa”. El primero está en Bruselas, y el segundo en Ámsterdam. “Pero yo soy quien tiene más cervezas por metro cuadrado”, explica Xavi, en una taberna de 28 metros cuadrados muy bien aprovechados. “Es un punto de reunión de músicos”. Hay una guitarra y un cajón en un rincón. “Y cuando no hay música en vivo, pincho un vinilo”. Entre tanta birra no faltan marcas andorranas: la Boris, la Alpha y la que elabora él mismo: la Trapella. “Es el nombre de mi perro, un pastor de brie, el que aparece en la etiqueta”. Pale Ales con melocotón, con boletus, con hojas de tabaco, con lichis… “Nunca repito las recetas”. Por Navidad va a preparar una edición con jengibre. “Soy el friki de las cervezas”. Ahorra agua. Bebe cerveza, pone en su camiseta.
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