Sevilla más allá de pasos y procesiones
Publicado en 01. ene, 1970 por Sebastián Álvaro en General
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Socios fundadores de La Importadora. Foto: Óscar Romero
Diseño y focos alternativos
A día de hoy, ya “no existen dos ciudades diferentes, sino una sola con particularidades y de la que creo que participo activamente”, comenta Javier Gotor, director de la revista gratuita de cultura alternativa La Muy. “No se es más moderno porque vayamos a la Alameda o a El Rinconcillo”. Aunque añade, “es cierto que existen focos más alternativos como puede ser el Soho Benita, en la calle Constantina, 13, y el entorno de la calle Regina, además de la calle Amor de Dios y Trajano”.
Soho Benita es la asociación de un conjunto “de empresarios jóvenes con ganas de comerse el mundo, gente creativa que no quiere encasillarse en el concepto tradicional de tienda, con un espíritu más abierto”. La que habla es María Luisa Halcón, socia fundadora de La Importadora, uno de los integrantes del soho sevillano formado por una veintena de negocios cerca de la tradicional plaza de la Alfalfa, que se asienta sobre el antiguo foro romano de Hispalis.
En su establecimiento, en el que “se vende todo menos los percheros y el personal”, la ropa pende de los altos techos desde vigas de acero y se cobija entre muebles vintage, en un ambiente de decoración nórdica rematado con obras de pintores que se están abriendo paso. Incluso tienen su propia firma de moda diseñada por Rafael García Forcada, uno de los socios, enmarcada en un espacio multidisciplinar que es tienda, galería de arte y lugar de presentaciones de libros.
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Zalez, Soho Benita, telas. Foto: Óscar Romero
En los alrededores, en los que el francés a veces se escucha más que el castellano, Verde Moscú (Ortiz de Zúñiga, 5) hace gala de su eco-fashion elaborada solo con productos orgánicos. Por su parte, Patricia Buffuna (Don Alonso el Sabio, 8) hace a mano los sombreros y tocados que llevan a sus celebraciones las sevillanas que buscan una apuesta genuina; y a pocos metros, Zález ofrece bolsos y complementos hechos a mano. “Aquí viene la gente cansada de las grandes marcas y que quiere ir diferente, que busca diseño”, dice Halcón, cuya tienda está a escasos metros del Garlochí (Boteros, 26), el bar decorado con cortinajes y santos que fascinó a Madonna y que, incluso, bautizó su cóctel más célebre como la Sangre de Cristo. Hoy congrega un ambiente cosmopolita atraído por el espíritu fascinante de lo kistch y lo vintage.
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Conservas portuguesas en Salsamento. Foto: Facebook
Ese mismo regreso a las esencias y a las tiendas de ultramarinos es el que se vive en Salsamento (Jerónimo Hernández, 19), un bar sin cocina en el que las latas de conserva y los quesos de calidad son su mejor carta de presentación. Un lugar al que ir después de pasar por una función fugaz de 15 minutos en Microteatro Sevilla (José Gestoso, 3), un local de artes escénicas en formato reducido que estará a pleno rendimiento el fin de semana.

















